Lago de Sanabria: la profundidad

El lago de Sanabria es un lugar donde se mezclan los sentimientos de nostalgia y cercanía a la naturaleza, además de ofrecernos una tranquilidad sin igual.

Hace algunos años que estuve por allí. Estaba de visita en la casa rural de un amigo de un pueblo de Zamora. Me llevó a visitar León, y de repente me propuso coger las ropas de baño e irnos hacia el lago de Sanabria para darnos un agua y pasear por el entorno natural.

Ribadelago, embalse Vega de Tera © flickr / estrelas e limóns

¿Por qué no? - Repondí. Después de un rato estábamos en lago de Sanabria, un lago gigante que nada tiene que envidiar al mar del que tanto presumimos en el sur de la península.

No me había percatado hasta que me lo dijo Juan, de que el lago de Sanabria era ese remanso de paz y espiritualidad que servía de contexto a las meditaciones espirituales del cura en la obra San Manuel Bueno, mártir, de Miguel de Unamuno.

De repente, paseando por allí comprendí mucho más sobre esa obra, que más que leer, devoré en la época de la educación secundaria, y fue unasde las que me impulsaon hacia el mundo de las meditaciones existenciales.

Ribadelago, Pueblo-cementerio en el lago de Sanabria

Algo sobre lo que nunca había leido, pero que merece una atención especial, es la historia referente a la catástrofe del Embalse de Vega de Tera en 1959. 

La leyendas sobre el origen del lago de Sanabria se refieren también a inundiaciones. Pero la historia real es bien otra:  una inundación sin precedentes tuvo lugar al romperse la presa de Vega de Tera, muriendo 144 de los 449 habitantes de Ribadelago. De hecho, la presencia lago de Sanabria en la cercanía posibilitó que éste absorviera gran cantidad del agua de la avalancha, salvando a otros pueblos de la comarca de un destino similar al de Ribadelago.

La parte del pueblo antiguo tenía el aspecto de un pueblo cementerio en el momento de mi visita, produciendo una sensación muy especial: casas viejas destruidas por la catátrofe y tumbas memoriales en los alrededores de las mismas. Otra página negra en la historia de las obras faraónicas del franquismo.

Bueno, volvemos al lado positivo de mi historia… El lago de Sanabria se me descubrió como un lugar lleno de un encanto difícil de describir: una suma de naturaleza, de historia real catastrófica e historia filsófica ficticia. Todo ello se suma en un cocktail, que hace que el nombre del lago de Sanabria se haya quedado grabado en alguna parte de mi memoria como un lugar que es candidato ideal para una peregrinación en el futuro…

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Parque Natural de la Sierra de Grazalema: Los pinsapos

Todavía recuerdo el viaje del instituto a ese lugar entre Cádiz y Málaga, con muchos pueblos pequeños con casas pintadas de blanco. Vamos la imagen de la Andalucía tradicional que tienen los muchos turistas que vienen sin conocer la realidad actual de esa tierra.

Allí, el Parque Natural de la Sierra de Grazalema, fue donde pudimos ver algunos de los árboles más antiguos de Europa según nuestro profe de gimnasia, los pinsapos. Y según decía él también,  había que irse muy lejos de España para encontrar los parientes de esta rara especie. Más allá en los límites de Europa, en el Caúcaso.

Parque Natural Sierra Grazalema © flickr / maesejose

Además de los gigantes pinsapos, el encanto del parque natural de Grazalema, es que en él se podían ver esos pueblos blancos en los que la gente conoce todavía el nombre de los vecinos. Y donde salir con un rebaño de animales y con una gorra sigue siendo parte de la vida normal, y un pastor no es considerado un elemento folclórico del pasado. » Continue reading “Parque Natural de la Sierra de Grazalema: Los pinsapos”

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¿Quién dijo que en el desierto no hay playa?

Hoy os quiero hablar de uno de los sitios que desde que visité por primera vez, se quedaría grabado a sangre y fuego en mi memoria…

Y quién me podía decir a mí que tras horas de viaje, de aburrido paseo entre carreteras comarcales entre mares de plásticos invernaderos entre los desiertos de Almería, íbamos a terminar llegando a unas playas tan maravillosas como las del Cabo de Gata.

Parque Natural Cabo de Gata © flickr / untipografico

Dos lugares me impactaron totalmente. El primero, la playa de los Genoveses, con su agua perfecta, cerca de las montañas, sus dunas de arena… Naturaleza pura, sin construcciones alrededor. Cualquiera que haya estado por allí podrá dar cuenta de lo que se siente. De película.

Pero fue otra playa de la que me enamoré, la Cala de San Pedro. Basta con que os diga que la primera vez que llegué allí, fue tras una travesía nocturna de un par de horas por las montañas en oscuridad casi total, solamente guiados por la luz de la luna.

Y la recepción no pudo ser mejor. Llegar al final del camino y encontrarse un valle que baja hacia el mar, con un agua que refleja la luz de la luna… y qué sorpresa la nuestra, que al empezar en descenso, vino a nuestro encuentro una música lejana… Se trataba de “Breathe” de Pink Floyd. que provenía de la casa-bar de uno de los poquísimos habitantes del valle, que se pueden contar con los números de la mano.

No hay manera de expresar lo que sentí en ese momento. Parecía el cielo en la tierra. Más fuerte que algo místico. Era como la música celestial que suena en una catedral, pero versión hippie en campo abierto. Y los días siguientes, durmiendo simplemente en la arena, bajo la luz de la luna y la brisa del mar. Hay quien dice que dormir en la playa al raso no es cómodo. Pero creo que hay que probarlo para poder hablar.

Al disfrutar estos lugares,  es importante tener una idea muy clara siempre en la cabeza: dejar todo como uno se lo encontró. Eso quiere decir, no olvidar recoger toda la basura generada e intentar no alterar el medio natural de la zona. Y es que es mucho más importante cuando cada vez menos parques naturales de este tipo quedan para ser disfrutados… Y aviso para navegantes, no hay instalaciones de servicios, todo lo que viene de la naturaleza vuelve a la naturaleza, como nuestras madres nos trajeron al mundo :)

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