Lira, el chapapote y la cucharilla del café

Corrían aquellos tiempos en que la política del país se hallaba un poco enquistada, por decir de alguna manera. Y ocurrió el desastre que colmó la gota del absurdo, o al menos llenó el vaso casi hasta rebosar.

Lo peor vendría después. Se hundió el Prestige y todo se llenó de una mancha negra, a la que las gentes del lugar llamaron chapapote. El gobierno decía que no pasaba nada, que todo iba a tener una solución rápida y que nadie debía preocuparse demasiado. De otra manera muy diferente pensaban los ciudadanos de las zonas costeras afectadas, como ese pequeño pueblo con tanto encanto llamado Lira, cuya vida empieza y acaba en el mar.

Prestige chapapote © flickr / Paulo Brandão

A pesar del aviso de las autoridades para que no fueran más voluntarios a retirar el chapapote porque se suponía que ya se encargaban de ello miles de profesionales, unos pocos nos propusimos hacer oídos sordos y presentarnos allí con un autobús lleno de universitarios porque sabíamos que seguían haciendo falta muchas manos más. Y así era la realidad.

Solamente con llegar a las playas de Lira y echar un vistazo, rápido se entendía. El Prestige había soltado chapapote como para llenar muchas veces el depósito de miles de coches . ¿Y qué nos encontramos los voluntarios? Que no había organizada ningún tipo de sistema logístico digna de ser así llamada. Era tan triste ver a varias decenas de estudiantes sacando chapapote con cucharillas del café, arriesgando su salud, sin que se les aportara el material necesario…

Pero junto al recuerdo de esa tristeza, jamás se me borrará tampoco de la memoria la hospitalidad de los habitantes de Lira, que tras las largas jornadas de trabajo en la playa, siempre tenían una mirada de agradecimiento y una actitud siempre amigable en el bar y en la organización del alojamiento.

Y esa iglesia al fondo, encaminándose hacia el agua, con esa forma de enterramiento tan distinta a las tierras del sur, también confería un espíritu muy especial al pueblo.

Aquella playa, mezcla de nostalgia y pureza, ahora debe ser tan otra, plena de belleza y vida. Qué pena que sitios tan especiales como estos tengan que hacerse famosos por catástrofes como aquella del petrolero Prestige, que aún duerme en las profundidades del algún lugar del mar…

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