En la cala al pie del castillo, bajo la luna… en Tosa de Mar

“En la cala al pie del castillo, bajo la luna… te amé por primera vez” Podría bien ser la estrofa de una canción o parte de un poema… Pero se trata de una historia real, y ocurrió en Tosa de Mar.

A veces parece mentira que los sitios más famosos, sean en la práctica los más edificados y masificados. Es lo que ocurre con Lloret de Mar, hacia el norte de la costa catalana, la Costa Brava. Y que pequeñas joyas, como Tosa de Mar pasen más desapercibidas. Ahí entre las montañas, también con un turismo significativo pero no tan masivo se encuentra este pueblo tan agradable como tranquilo.

Castillo y la cala © flickr / VRoig

Nunca olvidaré mi verano allí con mis padres. No esperaba más que otro par de semanas de ver a algún que otro amigo de la temprana niñez e intentar buscar algún entretenimiento para no echar de menos la vidilla adolescente de Madrid. Pero ocurrió algo imprevisto. Y no podía ser otro sitio que ese pueblo, con esa pequeña bahía que parece esconder miles de secretos bajo sus aguas flanqueadas por las rocas y su coqueta playa.

Allí estaba ella, Inga, con sus padres. Aburrida, jugueteando con la arena, pero demasiado mayor como para ponerse a construir ya castillitos de arena junto al mar.  No me faltaba ya picaresca por aquel entonces, y no tardé en dejarme caer cerca de ella cuando se acercó a un bar de la zona. Y todo lo que vino después fue tan perfecto, que no quiero acordarme para no sentirme triste por no poder repetirlo.

Ya sé que todos vais a pensar en Pajares y Esteso, pero nada más lejos de la realidad. Esa niña se quedó para siempre con un pedazo de mi corazón. Pero no fue por su biquini espectacular, que las españolas ya los usan iguales o más atrevidos, sino por sus ojos de ángel que aún hoy me vienen de vez en cuando a la memoria…

Y que rompen mi tranquilidad diciéndome: “¿Por qué no le volviste a escribir? ¿Por qué te dejaste llevar por la vida loca de la ciudad y nunca más volviste a intentar contactar con ella?”. ¡Quién sabe! Tal vez haya llegado de nuevo el momento de dejar a un lado el ordenador y volver a desenterrar el papel y el bolígrafo para esa carta que se quedó ahí pendiente en algún lugar de la casa de mis padres…

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