e-flora
Estoy harto de las florecitas virtuales del Facebook. ¡Quiero que me envíen una flor de verdad por internet!
Con cariño escucho a los ancianos que dicen que ya todo está inventado, que ya no hay más sorpresas que esperar. No me extraña que ellos digan eso, que han visto al hombre llegar a la luna, las armás más letales, las medicinas más milagrosas, el desarrollo de las telecomunicaciones. A que alguno de ustedes ha escuchado esa historia sobre la bisabuela que cuando la hija ponía la mesea y la familia se disponía a comer, ella decía en tono de queja: “¿Al hombre ese de la tele no se le invita?”. O aquella otra tan graciosa de la misma bisabuela, que ante la visita del doctor, decía “Yo delante del señor de la televisión no me desnudo”.
Y es que en pocas décadas. la tecnología ha dado un salto de gigante que no podemos ignorar, sea para bien o para mal. En el campo de internet, quién de nosotros se podía imaginar tener millones de libros, discos, películas, a nuestra disposición con un mero click de ratón… Me refiero a cuando éramos niños, y el mero hecho de llamar a un amigo o familiar desde casa con teléfono con tradicional no era tan fácil y mucho menos barato. Ahora quién puede imagnarse vivir sin móvil o sin ordenador portatil. Déjenme responder: casi nadie…
Pero no todo el camino está andado. Hoy en día, gracias a la maravilla internaútica podemos ver y oir casi todo. Pero no todos los sentidos han sido satisfechos. Dejando de lado las mentes calenturiosas que sueñan con placeres virtuales como ese mítico “orgasmatrón” que ha llegado incluso a algna película, me pregunto cuándo será posible disfrutar de la transmisión de olores virtuales. Imagínense poder oler la comida de la madre al mismo tiempo que le cuenta uno a la distancia cómo le fue el día. También poder oler las calles de una ciudad a la hora de planificar unas vacaciones…
Mientras tanto inventan esto, y pensando en una vida de familia tranquila y apartada del ajetreo de la ciudad, me voy pensando el negocio del futuro. Una florestería cibernética, que envía olores por encargo. Imagínense, llegar al trabajo un 14 de febrero con el cabro de un tráfico agobiante y pensando en el aburrimiento de otras 9 horas delante del ordenador aguantando a clientes pesados. Y de repente al abrir nuestro correo, un e-mail (bueno, habría que llamarlo entonces e-flora digo yo), que se nos mete en las narices para felicitarnos por San Valentin.
¿Quién dijo que el hombre no podía llegar al cielo? Os lo digo, tiempo al tiempo.
