Camino de Santiago y nuestros pies
Camino de Santiago, y un “truco” que puede salvarte de un problema de ampollas en los pies.
Sobre el camino de Santiago, en sus diferentes recorridos posibles, poco más que no esté dicho se puede escribir. sobre una de las marchas más expectaculares que se puede realizar en Europa. Una experiencia irrepetible, no solamente por la naturaleza y por las gentes que encontramos tanto por el camino como por los múltiples pueblos que vamos dejando tras nuestros pasos, sino por el tiempo que dedicamos a encontrarnos con nosotros mismos.
Pueblos, montañas, ríos, verde, jóvenes, ancianos, animales, soledad, compañía. Todo al mismo tiempo y por separado también…
Sin entrar en misticismos, lo que no cabe duda es que la vida que hoy en día llevamos no nos deja apenas tiempo de encontrarnos con nuestro yo: llámenlo espíritu, alma, mente, conciencia, memoria, pero el caso es que nos heos acostumbrado a que el único momento dedicado a la reflexión sea con la almohada, pero para pensar en los problemas cotidianos, de dinero, trabajo, familia, etc…
El camino de Santiago nos permite entrar en contacto con esa parte existencial que tapamos durante el quehacer cotidiano para que no nos moleste en todas las tareas que tenemos que sacar adelante. En el camino, podemos pensar, pensar sin miedo a nada, sin trampa ni cartón, sabiendo que no nos podemos engañar a nosotros mismos sobre lo que somos… y queremos de verdad en la vida… Hasta aquí la parte filosófica de la cuestión
porque si no estamos atentos a algunos detalles, nuestro particular Camino de Santiago se puede volver muy incómodo poco después de comenzarlo.
Tanto para el Camino de Santiago para como otros largos recorridos, hay que tener siempre presente la siguiente idea: Los pies son el centro de atención que no debemos desatender en ningún momento durante nuestra travesía. Hay varios consejos que son de pura lógica: no usar calzado totalmente nuevo, debemos haberlo a nuestro pie previamente, usar calcetines de calidad (se pueden buscar muy bueno en tiendas de deporte) que se sequen rápido y transpiren.
Incluso se puede utilizar doble calcetín, uno encima de otro, para minimizar la fricción. Pero todas estas cosas no podrán evitar que tras las primeras duras y largas jornadas de marcha en el largo Camino de Santiago aparezcan esas pequeñas molestias que si no se las sabe tratar se pueden convertir en peligrosas torturas: las ampollas.
Aunque nos molestarán, existe un método sencillo y limpio que evirará que se infecte y siga doliendo. Se trata de desinfectar con betadine al final de la jornada, atravesarla (sí, no es tan malo como suena!) con una aguja también desinfectada e hilo. El hilo se deja dentro para que el líquido salga y permita curar rápido. Para evitar dolor posterior, podemos recortar un poco de tela de valleta del tamaño de la vejiga, en forma de donut (con un círculo en el centro), que pegaremos encima de la zona de la ampolla con esparadrapo… Y ya está, a aguantar un poco la molestia y a continuar con el Camino de Santiago.
Y no olvidéis nunca lo que dijo el poeta: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. El Camino de Santigo es una exeperiencia que sin duda merece la pena realizar, tanto para personas religioas como las que no lo son.

